ENFADOS TONTOS

    ¿Cuántas veces nos hemos enfadado por tonterías? de pequeños porque no nos compraron aquél juguete que tanto queríamos, de adolescentes porque no nos dejaron ir a una fiesta o quedarnos hasta el amanecer, de adultos porque no nos cuadraban las cuentas o incluso porque nuestro hijo se ha enfadado por ese juguete que a nosotros de pequeños tampoco nos quisieron comprar...
 
    La vida está llena de enfados tontos, nos enfadamos porque algo nos molesta, y después de un rato de reflexión nos damos cuenta de que era una tontería, que no era para tanto, pero ya da igual, porque ya hemos hecho sentir mal a alguien o a nosotros mismos durante horas y nadie va a devolvernos esos preciados minutos de nuestra vida. 
 
    Solo vivimos una vez, y esos enfados hacen que desperdiciemos esta gran oportunidad. 
 
    Muchos nos enfadamos por las cosas que nos molestan, cuando alguien se enfada y estropea el día con mala cara, sin tener motivos para ello muchas otras personas se enfadan también, solo porque esa cara de mal humor a rajado la línea de la alegría. Y después, por mucho que queramos arreglarlo aparece nuestro orgullo, que hace que las cosas empeoren, porque a nadie le gusta pedir perdón y alargamos el mal rato hasta que, por fin, uno de ellos asume la culpa y da el gran paso, la reconciliación.
 
    ¿Cuántas veces hemos aguantado esta situación, solo porque creemos que es el otro el que tiene que disculparse? y cuando todo vuelve a la normalidad, nos damos cuenta de que hemos perdido mucho tiempo, o peor, vemos que hemos perdido a esa persona especial, un amigo, una pareja, un hermano, un padre...
 

 

    Y todo por culpa del orgullo.